jueves, 16 de mayo de 2013

Capítulo 1

Exactamente 6 años antes, en Zaragoza.


-¡Se acabó!—exclama una chica castaña, saliendo sonriente de la nueva facultad de Ciencias de la Educación, donde acaba de defender su trabajo Fin de Grado, un minucioso estudio sobre el trabajo con niños sordos en colegios normalizados. Le había costado mucho elegir un tema, pero a partir de un sueño, esa había sido la temática definitiva.

-Ahora la defensa de la memoria de prácticas será para ti coser y cantar, ¿no?

-Sí, estoy segura de ello. Y te digo desde ya que la petarda de Batwoman me va a tener que poner una nota bastante alta, muy a su pesar, como me llamo Alodia May Murero Santacatalina—para deleite de KT, como la había bautizado su compañera y amiga Carla y casi todos la llamaban en Zaragoza, llevaba dos años teniendo que verse las caras con Marta, esa profesora que en su anterior facultad se las había hecho pasar canutas, y que al llegar a la capital se había encontrado con que también este año tendría que verla, aunque gracias a su 5 raspado en su asignatura, no tendría que aguantarla todas las semanas.
-Por cierto, pasando a temas más agradables. El sábado que viene es nuestra cena de Fin de Carrera, ¿la harás con nosotros o con tus compañeros de Teruel?

-¿Qué? ¿con ésos? Ni muerta. Ya sabes lo bien que me llevo con ellos—ironizó Alodia, recordando cómo 11 meses antes había encontrado la solución perfecta para no tener que verle las caras a sus compañeros ni a la Ramo, esa profesora que tanto amor le profesaba.



Fue en una conversación con su padre, al comentar que iba a hacer las prácticas en su ciudad natal, en un colegio bilingüe. Él había dejado caer que por qué no hacerlas en un colegio privado para tener alguna posibilidad de quedarse allí trabajando, y ella respondió que el colegio privado de la ciudad no ofertaba plazas de prácticas, pero que tal vez en la capital pudiese encontrar. Claro que era más fácil para los que hacían allí el año entero. La mirada que le había lanzado Hernando era un “nadie impide que lo hagas” y saltó a su cuello. Un año fuera de casa era justo lo que necesitaba. Dos días más tarde tenía el traslado de expediente y la preinscripción para Educación Bilingüe hechas. LA desbandada general de los valencianos hacia sus universidades de origen, su media de 9,2 y que no tenía que cambiar de Universidad aceleró bastante el proceso y pasó el verano eufórica, repartiendo el tiempo entre su trabajo como Dinamizadora de Tiempo Libre, los ensayos y actos con la banda y la charanga en las que tocaba el saxo, el curso on-line de profesora de Español como Lengua Extranjera y alguna que otra clase de repaso. Hacía 3 años que apenas tenía 15 días de vacaciones a lo largo del año, pero le gustaba y sus ahorros se lo agradecían.
Sin embargo, la felicidad residual de sus vacaciones en las Islas Canarias se esfumó cuando vio el nombre de aquella profesora entre el elenco de tutores de prácticas al comenzar el curso el 21 de Septiembre. Para su desgracia, aún no se sabía qué colegio iba a coger cada profesor, pero estaba segura que eligiera el que eligiese, ella estaría detrás. Y no se equivocaba. Por suerte, en las prácticas III había tenido un 9.7, la nota más alta –y por lo tanto, Matrícula de Honor- y suponía que en las prácticas IV no sería muy diferente.


-KT, Carla, esperad—las llamó una compañera de Primaria.

-Hola Luna, ¿cómo ha ido tu defensa?—La chica rubia las alcanzó, con su melena rizada siempre dos segundos detrás, de tan larga que era.

-No me hables. Tenías razón sobre la Ramo. Es una z—Luna aún estaba en 3º, pero igual que le pasó a Alodia, le había tocado sufrirla en la única asignatura anual de la carrera, en la que ese año la profesora les había pedido defender un ensayo individual—.Se ha cargado a más de la mitad de la clase y a mí me ha puesto un mísero 5.7. Voy a pedir una segunda opinión, de eso podéis estar seguras.

-Y será lo mejor que podrías hacer. Volviendo a la cena, Carla, obviamente la voy a hacer con vosotros. Ahora mismo iba a pagar antes de que cierren el banco y había pensado en ir a mirar algún vestido a Puerto Venecia. ¿Me acompañáis?

-¿Por qué no? ¿En tu coche o en el mío?

-En el mío. Y lo siento, pero hoy me toca a mí poner la música. Luna, ¿vienes?

-Claro. Aún no he pagado la cena y recordad que la hago con vosotros.

-¡Cómo olvidarlo!—Rió Alodia. Desde que la chica sale con Alejo, un compañero de Alodia y Carla, parecía más alumna de 4º de Infantil que de 3º de Primaria por todo el tiempo que pasaba con ellos. Alejo la había invitado a la cena y ella solo había aceptado con la condición de que le dejara pagarla, pues se quejaba que desde que salía con él, no se había gastado un solo céntimo, y la hacía sentirse un poco mal.

Al final, las tres amigas cogieron el coche de Alodia y tras pasar por el banco se dirigieron al mayor complejo comercial de Europa. Aunque la pista de hielo estaba abierta solo de Octubre a Marzo, había muchos más atractivos a parte de las tiendas y restaurantes y pasaron allí parte de la noche, aprovechando que al otro día era sábado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario