-¡Se acabó!—exclama una
chica castaña, saliendo sonriente de la nueva facultad de Ciencias de la
Educación, donde acaba de defender su trabajo Fin de Grado, un minucioso
estudio sobre el trabajo con niños sordos en colegios normalizados. Le había
costado mucho elegir un tema, pero a partir de un sueño, esa había sido la
temática definitiva.
-Ahora la defensa de la
memoria de prácticas será para ti coser y cantar, ¿no?
-Sí, estoy segura de
ello. Y te digo desde ya que la petarda de Batwoman me va a tener que poner una
nota bastante alta, muy a su pesar, como me llamo Alodia May Murero
Santacatalina—para deleite de KT, como la había bautizado su compañera y amiga
Carla y casi todos la llamaban en Zaragoza, llevaba dos años teniendo que verse
las caras con Marta, esa profesora que en su anterior facultad se las había
hecho pasar canutas, y que al llegar a la capital se había encontrado con que
también este año tendría que verla, aunque gracias a su 5 raspado en su
asignatura, no tendría que aguantarla todas las semanas.
-Por cierto, pasando a
temas más agradables. El sábado que viene es nuestra cena de Fin de Carrera,
¿la harás con nosotros o con tus compañeros de Teruel?
-¿Qué? ¿con ésos? Ni
muerta. Ya sabes lo bien que me llevo con ellos—ironizó Alodia, recordando cómo
11 meses antes había encontrado la solución perfecta para no tener que verle
las caras a sus compañeros ni a la Ramo, esa profesora que tanto amor le profesaba.
Fue en una conversación
con su padre, al comentar que iba a hacer las prácticas en su ciudad natal, en
un colegio bilingüe. Él había dejado caer que por qué no hacerlas en un colegio
privado para tener alguna posibilidad de quedarse allí trabajando, y ella
respondió que el colegio privado de la ciudad no ofertaba plazas de prácticas,
pero que tal vez en la capital pudiese encontrar. Claro que era más fácil para
los que hacían allí el año entero. La mirada que le había lanzado Hernando era
un “nadie impide que lo hagas” y saltó a su cuello. Un año fuera de casa era
justo lo que necesitaba. Dos días más tarde tenía el traslado de expediente y
la preinscripción para Educación Bilingüe hechas. LA desbandada general de los
valencianos hacia sus universidades de origen, su media de 9,2 y que no tenía
que cambiar de Universidad aceleró bastante el proceso y pasó el verano
eufórica, repartiendo el tiempo entre su trabajo como Dinamizadora de Tiempo
Libre, los ensayos y actos con la banda y la charanga en las que tocaba el
saxo, el curso on-line de profesora de Español como Lengua Extranjera y alguna
que otra clase de repaso. Hacía 3 años que apenas tenía 15 días de vacaciones a
lo largo del año, pero le gustaba y sus ahorros se lo agradecían.
Sin embargo, la felicidad
residual de sus vacaciones en las Islas Canarias se esfumó cuando vio el nombre
de aquella profesora entre el elenco de tutores de prácticas al comenzar el
curso el 21 de Septiembre. Para su desgracia, aún no se sabía qué colegio iba a
coger cada profesor, pero estaba segura que eligiera el que eligiese, ella
estaría detrás. Y no se equivocaba. Por suerte, en las prácticas III había
tenido un 9.7, la nota más alta –y por lo tanto, Matrícula de Honor- y suponía
que en las prácticas IV no sería muy diferente.
-KT, Carla, esperad—las
llamó una compañera de Primaria.
-Hola Luna, ¿cómo ha ido
tu defensa?—La chica rubia las alcanzó, con su melena rizada siempre dos
segundos detrás, de tan larga que era.
-No me hables. Tenías
razón sobre la Ramo. Es una z—Luna aún estaba en 3º, pero igual que le pasó a
Alodia, le había tocado sufrirla en la única asignatura anual de la carrera, en
la que ese año la profesora les había pedido defender un ensayo individual—.Se
ha cargado a más de la mitad de la clase y a mí me ha puesto un mísero 5.7. Voy
a pedir una segunda opinión, de eso podéis estar seguras.
-Y será lo mejor que
podrías hacer. Volviendo a la cena, Carla, obviamente la voy a hacer con
vosotros. Ahora mismo iba a pagar antes de que cierren el banco y había pensado
en ir a mirar algún vestido a Puerto Venecia. ¿Me acompañáis?
-¿Por qué no? ¿En tu
coche o en el mío?
-En el mío. Y lo siento,
pero hoy me toca a mí poner la música. Luna, ¿vienes?
-Claro. Aún no he pagado
la cena y recordad que la hago con vosotros.
-¡Cómo olvidarlo!—Rió
Alodia. Desde que la chica sale con Alejo, un compañero de Alodia y Carla,
parecía más alumna de 4º de Infantil que de 3º de Primaria por todo el tiempo
que pasaba con ellos. Alejo la había invitado a la cena y ella solo había
aceptado con la condición de que le dejara pagarla, pues se quejaba que desde
que salía con él, no se había gastado un solo céntimo, y la hacía sentirse un
poco mal.
Al final, las tres amigas
cogieron el coche de Alodia y tras pasar por el banco se dirigieron al mayor
complejo comercial de Europa. Aunque la pista de hielo estaba abierta solo de
Octubre a Marzo, había muchos más atractivos a parte de las tiendas y
restaurantes y pasaron allí parte de la noche, aprovechando que al otro día era
sábado.
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